Las hay de dos tipos fundamentales, atendiendo a su mayor o menor respaldo científico. Los dos deben ser aplicados por psicólogos suficientemente hábiles en su aplicación concreta (los hay de muchos tipos y requieren habildades diferentes).
Unos ofrecen unos resultados que deben ser intrepretados de manera subjetiva. Y los resultados de los otros no están sujetos a criterios subjetivos de “ojo clínico”; sino que se basan en la comparación con otras personas de su grupo normativo: como nuestro cliente.
Este segundo tipo está respaldado por estudios sobre muchos sujetos; que se distrubuyen en la cuva normal o campana de gauss de las ciencias estadísticas; por lo que, dentro del margen de error o desviación típica que poseeen, nos suelen ofrecer una idea bastante acertada de la variable que pretendemos medir.
Los hay que miden ansiedad, depresión, habilidades sociales, adaptación, personalidad, inteligencia “tradicional”, inteligencia emocional, clima laboral, habilidades del lenguaje, desarrollo cognitivo, atención, impulsividad, etc.
Debemos utilzarlos con prudencia; y siempre al servicio de los intereses de nuestros clientes; como un medio enfocado a la terapia; y no al conocer por conocer.
La habilidad del psicólogo clínico consiste en el punto medio entre medir, intrepretar, ofrecer recursos, escuchar, acompañar, … y el resto lo hace la persona que tenemos enfrente.
¡Qué proceso increible es la terapia psicólógica cuando se producen determinados cambios en aras del bienestra de la persona; y a raíz de una satisfactoria relación terapéutica!
LA RESPUESTA EDUCATIVA AL ALUMNADO CON ALTAS CAPACIDADES EN LA ESCUELA INCLUSIVA
Ya sólo el nombre da miedo… y es que nos referimos a acontecimientos que “han producido” (y evocan en la actualidad) emociones intensamente desagradables, dificultades físicas y molestias que contaminan nuestra vida cotidiana.
“La realidad no existe. Existen percepciones de ella; imagenes y contructos que nos hacemos de nosotros mismos y de nuestro entorno.” Esta afirmación, que puede parecer muy tajante revela la importancia de la percepción la construcción de nuestra propia identidad. No es lo que hay, sino cómo lo veo. Y aquí hay capacidad de decidir.
De esta manera, manejamos cuatro variables: amor (afecto), respeto, confianza e intereses ; que pueden cambiar según cómo nos sintamos con cada persona que nos rodea. Le daremos un valor imaginario. Si cada variable la situamos en cada vértice de una pirámide de cuatro lados; tendremos una imagen única para la relación que establecemos con cada persona. Una posición alta en la pirámide nos indicará un elevado estatus en dicha variable; y una baja, que creemos que esa persona no cumple demasiado con ese valor en relación a nosotros.
Aquí tenéis un maravilloso video evidenciando lo poco que conocemos del cerebro humano y el reto de conocerlo en el futuro.
Leemos, oimos, degustamos, sentimos,… la memoria tiene la cualidad, entre otras de estar unida a nuestros sentimientos. Por lo que aprenderemos lo que sentimos; lo que emocionalmente nos impacta; agradablemente o desagradablemente.